Me duele el mundo.
Me duele el mundo.

“¿Por qué lloras?” “Porque mira lo que le han hecho a ella. Tenía tanta vida esa vida…Experiencias que nunca serán, ha muerto un amor ¡Y empieza el olvido tan pronto…! Ya no vivirán sus hijos, ni su ancianidad en la tierra. No era su tiempo de marchar, pero ya se ha ido…”No es justo, no es justo, no es justo… ¡Gracias
Quiero entender, quiero entender, porque pasa lo que pasa.
Nadie me puede decir que es ajeno a mí, porque estoy enganchada a todo ello. Es parte de mí, yo soy un reflejo. Y si estás sufriendo, yo sufro también. Tengo la pena del mundo…
A veces siento que no merezco tantos regalos del cielo. No los rechazo, porque si ésta es la voluntad del Destino, nada hay que yo pueda cambiar en eso.
Pero duele, Destino, ¡Duele!
Quiero ayudar a cada extremo. Que la cuerda no tire más, no por mi dolor, sino por querer que el otro no necesite tirar de la cuerda más. Destino, no, no quiero ser Dios, quizás simplemente todos tenemos ese sentimiento de compasión por el otro, alguien alguna vez dijo que “esa era una cualidad que nos diferenciaba de los demás animales”. La capacidad de sentir compasión.
La compasión, es ese sentimiento que nos permite imaginar en nuestro adentro el dolor del otro. “Ama a tu prójimo como a ti mismo” ¿Eso era, no? La compasión es el sello de aquello en la piel del alma, el impulso de nuestra moral, de nuestro sentido de justicia…
Es el lazo que descubrimos que nos conecta al otro, cuando éste tira de la cuerda.
